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EMILIO MAYA. TEMPLE.
Anda La Música, Granada 2004.
Norberto Torres Cortes
Los que intentamos seguir la construcción de la
dimensión cultural de este gran proyecto- quizá
utopía- llamado Europa, y el debate entre un posible
modelo europeo alternativo a otro americano, con
la excepción cultural como estrategia diferenciada,
hemos disfrutado recientemente en la prensa nacional
e internacional de un buen puñado de artículos
a favor o en contra de esta intervención del estado
en el mercado de la cultura. Aquí en España ha
sido sonada la reciente polémica entre Mario Vargas
Llosa y Fernando Trueba, expresada en las columnas
de opinión del diario El País. Quizá porque Trueba
lidera una forma cinematográfica músico-documental
y un sello discográfico sobre los fenómenos de
mestizajes de hoy -entre ellos el flamenco-, su
opinión me parece especialmente relevante para
entender mejor el contexto actual en el que intenta
moverse el flamenco. Así argumenta al escritor
peruano, liberal enemigo declarado de las excepciones
culturales, que "para que la libertad de elección
del espectador exista hace falta primero que exista
una oferta variada, que exista otro cine, y no
sólo el de las grandes compañías americanas que
controlan prácticamente todo el mercado audiovisual
en España, en Europa y en el mundo. Pero no sólo
controlan la producción, sino, lo que es aún más
grave, también gran parte de la distribución y
la exhibición, incluso mediante prácticas que
en su propio país están prohibidas por leyes antitrust
para defender la libre competencia y que en Europa,
y en paises como España en especial, o no existen
o no se aplican" (El País, 20/9/2004, p.11).
Este preámbulo sobre política cultural en Europa
y Estados Unidos viene a cuento porque me ha llegado
recientemente desde Granada un CD de guitarra
flamenca editado por un sello independiente, Anda
la Música. Me ha llamado especialmente la atención
en los créditos el nombre del productor, Harold
Burgon, el del managment del artista, kate andalamusica.com,
el de los fotógrafos, Nick St. Clair, Katrina
Edbrooke y el propio Harold Burgon. Aunque grabado
en y desde Granada, el "contexto" del disco difiere
con el artista, el guitarrista Emilio Maya, las
colaboraciones en el "texto" o discurso musical;
Marina Heredia, Juan Angel "El Tirado", Victor
Quero "El Charico", Jaime Heredia "El Parrón",
Antonio Campos, Juanjito, Raul Mikelito, José
de la Margada, el Moreno, José Antonio Carmona,
Ana Cali. Este contraste entre "contexto" y "texto"
y su carácter independiente fue lo que más me
llamó la atención en primer lugar en este disco,
quizá porque lo recibí en plenas lecturas del
mencionado debate sobre la excepción cultural.
De pronto aparecía la materialización tangible
de una utopía, un signo más de la construcción
cultural europea de hoy, con el flamenco por medio.
Y lo más alentador, ocurre desde Granada.
Aunque grabado con recursos limitados de producción, Temple es un disco muy digno, sincero, en el que Emilio Maya propone su concepción del toque. Una manera donde reconocemos una propuesta actualizada de la escuela granadina del toque, con su "aire" y sonido perfectamente identificables, limpieza cristalina de los arpegios, firmes rasgueados, buena flamenquería gitana del Sacromonte. Si la rumba "Algo de mí" casi plagia el estribillo "Fuera de mí" de la famosísima rumba melódica a lo italiano "Ya no quiero tu querer" de José el Francés, si la sombra del Tomate está alargada en la minera "Temple", la bulería "La Fuente" y las alegrías "Salitre", si la fascinación por las maneras jerezanas de acompañar y de cantar asoma en la bulería "Cazuela pa´1500", si el flamenquito brilla con sus estribillos cantables en los tangos "De Caramelo", como brilla lo clásico para baile en el zapateado "Tacones de Plata", si el lirismo sanluqueño a lo Juan Diego, salpicado ahora de aromas sefardies se perfila en la rondeña "Eshavira", además con una breve alusión inicial a la rondeña "canta la guitarra" de Pepe Habichuela sobre un mismo fondo paquiano "enduendao", Temple expresa sin equívocos la percepción relajada a la vez que flamenca que Emilio Maya tiene del toque, con las huellas inconfundibles del flamenco de hoy en Granada.
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